Journal / Diario de campo

Destino Volcán Quinquilil

Colmillo del Diablo

Volcán Quinquilil

El Quinquilil: el guardián olvidado de la cordillera de Pucón

Cuando se habla de los volcanes de la zona de Pucón, casi toda la atención se concentra en el imponente Rukapillán (volcán Villarrica), cuya actividad permanente domina el paisaje y la memoria colectiva. Sin embargo, hacia el este, entre bosques milenarios, valles profundos y antiguas rutas cordilleranas, se levanta una montaña menos conocida pero igualmente fascinante: el Quinquilil, conocido también como el Colmillo del Diablo.

Con aproximadamente 2.052 metros de altura, el Quinquilil es un antiguo edificio volcánico que se formó hace cientos de miles de años durante los procesos geológicos que dieron origen a la cordillera andina del sur de Chile. A diferencia del Villarrica, ya no presenta actividad volcánica y la erosión ha modelado su silueta durante incontables generaciones. El resultado es una cumbre rocosa y afilada que emerge sobre el bosque andino como una enorme punta de piedra, visible desde distintos sectores de Curarrehue y del Parque Nacional Villarrica.

Su nombre tiene raíces mapuches. Aunque no existe una traducción única aceptada por todos los investigadores, se cree que «Quinquilil» podría relacionarse con elementos naturales propios del territorio, reflejando la estrecha relación que el pueblo mapuche mantenía con el paisaje. Como ocurre con muchos nombres ancestrales de la Araucanía, el significado original se encuentra ligado a la observación de la naturaleza y a la memoria oral transmitida por generaciones.

Mucho antes de la llegada de los europeos, estas montañas formaban parte de un vasto territorio recorrido por comunidades mapuche. Los valles cercanos servían como rutas naturales de intercambio entre ambos lados de la cordillera. Por ellos transitaban personas, animales, semillas, conocimientos y productos que conectaban las actuales regiones de La Araucanía y Neuquén. El Quinquilil observó silenciosamente ese movimiento durante siglos, convirtiéndose en un punto de referencia natural para quienes cruzaban la cordillera.

Dentro de la cosmovisión mapuche, las montañas no son simples accidentes geográficos. Son espacios vivos, habitados por fuerzas espirituales y guardianes del territorio. Cada cerro, río, lago o volcán posee un origen, un espíritu protector vinculado al equilibrio de la naturaleza. Aunque el protagonismo espiritual de la zona recae principalmente en el Rukapillán, el Quinquilil forma parte de ese mismo paisaje sagrado donde la naturaleza, los seres humanos y el mundo espiritual mantienen una relación inseparable.

Los bosques que rodean la montaña albergan algunas de las especies más emblemáticas del sur andino: coigües, lengas, ñirres y araucarias. En sus laderas habitan aves como el carpintero negro y mamíferos nativos como el pudú y el puma. La presencia de estos ecosistemas ha permitido que el sector conserve un carácter salvaje y relativamente intacto en comparación con otros destinos turísticos más concurridos.

Durante gran parte del siglo XX, el Quinquilil permaneció fuera de los circuitos turísticos tradicionales. Mientras miles de visitantes ascendían al Villarrica cada año, esta antigua montaña seguía siendo conocida principalmente por arrieros, habitantes locales y montañistas experimentados. En las últimas décadas, exploradores y escaladores han comenzado a redescubrir sus rutas, atraídos por su geografía abrupta y por la sensación de encontrarse en uno de los rincones más auténticos de la cordillera de La Araucanía.

Hoy, el Quinquilil representa mucho más que una antigua formación volcánica. Es un símbolo del paisaje profundo de Pucón y Curarrehue; un lugar donde convergen la historia geológica de los Andes, la memoria ancestral mapuche y la extraordinaria biodiversidad de los bosques templados del sur de Chile. Mientras el Rukapillán continúa mostrando la fuerza viva del fuego interior de la Tierra, el Quinquilil permanece como un testimonio silencioso del paso del tiempo, observando desde hace milenios la vida que se desarrolla a sus pies.

Para quienes conocen su historia, el Quinquilil deja de ser simplemente una montaña y se transforma en uno de los guardianes más antiguos y enigmáticos de la cordillera de Pucón.

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